Cuando el apoyo familiar es primordial para definir la vocación profesional de los jóvenes

Javiera Hernández Fernández 

Psicóloga y coordinadora de Formación Integral

Universidad San Sebastián

Diversos factores, tanto internos como externos, inciden en el proceso de elección profesional. Sin embargo, estos interactúan directamente y mantienen una estrecha relación. Los internos guardan relación con el nivel de autoconocimiento e intereses que puede tener un estudiante sobre alguna área de conocimientos en general. En tanto, los externos tienen que ver con las posibilidades que genere el entorno, esto es, las oportunidades que puedan entregar el contexto escolar, la familia y el aporte de las influencias dadas por terceros.

La familia debe ofrecer contextos que reúnan herramientas y recursos necesarios para que el adolescente pueda explorar en qué áreas se siente más cómodo, pues es uno de los medios que tiene para aprender a conocer sus habilidades e intereses. Los padres o tutores deben apoyar el autodescubrimiento, el aprender a través de la experiencia. Potenciar lo innato que fluye desde que los hijos son niños.

Los padres deben involucrarse de manera respetuosa, sin traspasar frustraciones, ni esperanzas, ni presionar para que estudie algo que al joven no le agrada. En este ámbito los padres son guías para mostrar opciones y enseñar sobre la realidad del contexto educativo-laboral donde están inmersos. Esto involucra entender que existen perfiles de ingreso en las carreras, que existe un campo laboral del cual hay que informarse, opciones con proyección de futuro y también, muy importante, si la carrera está dentro de las posibilidades económicas de la familia o se requiere ayuda financiera. Pese a todas estas variables, el punto más relevante para escoger un camino profesional es la vocación. Cada joven debe descubrirla a su ritmo y siendo consciente de sus potencialidades.

En el caso de un joven que no sabe qué estudiar y está próximo a rendir la PSU, es bueno dejar que la dé, pero sin presionarlo. Se puede ayudar a través de especialistas para que defina su vocación, que se comprometa a descubrirla en un año sin estudios y que busque un trabajo esporádico que le permita conocer el mundo laboral y así sus habilidades. Otra opción es que escoja un bachillerato que le permita situarse en el contexto universitario, pero desde una mirada más amplia.

Sea cual sea la elección, debe ser consensuada. Estudiar implica un compromiso tanto del estudiante como de la familia, pues requiere de responsabilidad, constancia, equilibrio emocional y organización económica.

Además de hacer hincapié en la familia, la sociedad juega un rol crucial en este proceso de elección vocacional. En estos tiempos la sociedad le da preponderancia al factor económico, lo que puede influir en que se sugiera a los jóvenes no cursar determinadas carreras. Es por estas razones que la elección se vuelve aún más difícil. Para enfrentar este contexto, no debemos olvidar lo anteriormente expuesto: la importancia de equilibrar las habilidades, los propósitos personales, el acceso a la educación y el deseo de aprender algo que realmente movilice y sea aliciente para hacer mucho más. Esa es la diferencia para un profesional activo, que tenga ventaja competitiva en un contexto que a veces puede resultar adverso.