Doloroso recibimiento en Tirúa de las 10 víctimas de la tragedia de Victoria

Féretros con los fallecidos en el volcamiento del bus en la ruta a Curacautín fueron acompañado por cientos de vehículos a su arribo a la comuna. Sobrevivientes realizaron dramáticos relatos de lo ocurrido.

Por Mario Saavedra Ponss “La estrella Concepción”

“Estábamos sucios y heridos y nos costaba reconocernos. Para salir del bus, tuve primero que ayudar a un caballero que tenía su pierna atrapada y que me había caído encima. Nos arrastramos por el pavimento después, porque no podíamos caminar. El volcamiento fue terrible. En sólo un par de segundos nos cambió todo”, contó Maribel Peña Bastías, una de las sobrevivientes del accidente que dejó diez personas fallecidas y 21 heridos. La tragedia, registrada el sábado en el kilómetro 24 de la Ruta CH-181, entre Victoria y Curacautín, enluta a Tirúa y a la Región del Biobío.

Mientras la mujer, técnico paramédico del consultorio de Tirúa, recordaba ayer el momento del siniestro, la comuna entera se movilizaba para recibir a las víctimas. “Había sido un viaje maravilloso, la habíamos pasado muy bien en Icalma. Almorzamos en Traiguén y veníamos bien, hasta que el bus volcó. En algunos momentos venía rápido, pero eso uno no lo magnifica como pasajero”, relató mientras descansaba en su casa, ubicada a unas diez cuadras del Centro de Salud Familiar de la comuna, recinto en el que se reunieron los diez ataúdes anoche.

Ingrid Perló, otra sobreviviente y quien iba sentada en los primeros asientos, en el costado de la puerta, indicó que “en una curva del camino se desestabilizó el bus”.

“Creo que lo que pasó tendrán que investigarlo las autoridades, ver si realmente era la máquina que se había contratado. Además, todos pensábamos que debió haber habido dos choferes para este viaje, por la distancia que debía conducir, eso nos llamó la atención todo el recorrido”, añadió la mujer, quien formaba parte de la delegación de 35 personas que habían viajado desde Tirúa hasta Lonquimay, en la cordillera de La Araucanía.

El motivo del viaje era realizar un trafkintu (intercambio) de sabiduría medicinal ancestral entre adultos mayores de comunidades mapuches-lafkenches (de la costa) y comunidades pehuenches (de la cordillera), quienes sumaron a funcionarios del Departamento de Salud Municipal de Tirúa, en el marco de un programa de colaboración de atención complementaria entre la medicina mapuche y la tradicional.

“Estuve a punto de decirle de que no viajara, porque uno como que de repente presiente cosas pero fue… Calmadamente, el jueves se despidió de sus hijos y de mí… y se fue”. Con la voz entrecortada, el concejal de Tirúa, José Linco, contó los últimos momentos que compartió junto a su esposa Ana María Colipi (45), una de las 10 víctimas fatales que dejó el volcamiento.

Linco no solo perdió a su esposa, sino también a su suegra, Carmen Pilquimán Mariñán. “Todos los que fueron estaban entusiasmados. Era un viaje con una razón bien específica, pero también era de encanto. Iban a conocer otro lugar y otras personas, iban a cruzar de mar a cordillera para intercambiar lo que sabían, entre todos. Por eso es triste, porque ocurrió mientras estaban aportando para la sociedad… y porque perdí a mi compañera”, relató.

Miles los recibieron

Los féretros con las víctimas, fueron acompañados por una caravana de casi cien vehículos. Algunos salieron a encontrarlos a la carretera. Iban acompañados con banderas negras y Mapuche. La espera de su retorno fue multitudinario, más de mil personas los recibieron con honores, aplaudiéndolos y lanzándoles flores.

María Fierro, directora del Cesfam, explicó que cuatro de los fallecidos son funcionarios del recinto, mientras que cinco de ellos son facilitadores de la salud mapuche, encargados de insertar el conocimiento indígena en las prestaciones del centro asistencial. La décima víctima es una niña de ocho años, hija de una de las lawentucheve (especialista en hierbas medicinales).

“Ha sido un dolor enorme, que ocurre tras un viaje que, según nos relataron los sobrevivientes, había resultado hermoso para ellos, hasta antes del accidente. Éramos como una familia, estamos realmente afectados, por todos los lazos que habíamos creado. No hay palabras que expresen la pena que nos da que se hayan ido”, indicó Fierro.

Las diez víctimas

Los diez ataúdes ingresaron anoche, a las 21.00 horas, al consultorio de Tirúa. El recinto se hizo pequeño para albergar a las cientos de personas que se agolparon para despedir a los fallecidos y acompañar a sus seres queridos. Entre las víctimas, del Cesfam se encuentran María Vergara y Amalia Carinao, dos queridas técnicos paramédicos, la primera se desempeñaba en Quidico y la segunda en Tirúa, ambas eran madres. A ellas se sumó Luis Viluñir, el jefe de informática del recinto. La cuarta funcionaria fallecida, confirmó la dirección del Cesfam, fue Ana Colipi, quien era la encargada de personal del recinto de salud. “Era mi mano derecha, una gran amiga”, recordó Marcela Fierro. Ana perdió la vida junto a su madre, Carmen Pilquimán, quien también iba en el bus. Esta última era una querida especialista de la salud mapuche.

Los otros fallecidos, al igual que Carmen, son activos integrantes de la comunidad Mapuche de Tirúa. Rosa Manquecura era la dirigenta de la mesa territorial de Quidico y por su cargo era muy reconocida entre los vecinos de ambos sectores de la comuna. Prosperino Huenupil era un conocedor y educador de la tradición ancestral mapuche, al igual que Esterlina Marihuén, otra especialista en salud indígena. Albertina Lillempi, sanadora por medio de las hierbas, falleció junto a su pequeña hija Aylen Huilita, quien la había acompañado en el paseo hacia Icalma.